
A los profesionales que trabajamos en las consultoras de RRHH,
cada momento económico, social y político en la Argentina nos
pone frente al desafío de ser creativos, y dar nuevas respuestas
a las organizaciones.
En los años 90, el leit motive de las organizaciones fue tomar
personal calificado a través de una gestión profesional.
Entonces, se establecieron procedimientos para el reclutamiento
y la selección, y se estableció una relación de valor con las
consultoras especializadas que, a través de diferentes técnicas,
daban información valiosa para la toma de decisiones en la
empresa.
En ese momento hubo que ser creativo y establecer una forma de
trabajo, y la clave del proceso era la presentación de la
"terna". Las consultoras ofrecimos este sistema porque
necesitábamos que las empresas pudieran establecer parámetros de
comparación que les permitieran ver, en una variedad de
candidatos, las diferencias de perfiles y estilos culturales de
trabajo que podrían ajustarse a ellos.
Este sistema funcionó mientras el mercado marcaba un ritmo
paciente y tolerante.
Un mercado donde los postulantes establecían lazos de
"fidelidad" con los procesos, y donde la palabra era un valor
particular: “busco un cambio en mi carrera", "quiero
desarrollarme en otra área, en otra cultura", etc.
La palabra del postulante era clave, ya que si el perfil era el
adecuado la empresa tenía el poder de decisión sobre la
incorporación. Y como el candidato cumplía con su palabra, si se
cumplía con sus expectativas de trabajo y beneficios se
establecía un acuerdo, y la incorporación era efectiva.
Esta fue una época dorada en la que las tres partes, Consultora-
Empresa cliente y Candidatos, establecimos los acuerdos,
respetamos los procesos y cumplimos con los plazos y la palabra
dicha. Pero las cosas cambiaron.
Luego de la crisis del 2001 nos encontramos con una infinidad de
candidatos con excelentes perfiles, que necesitaban reinsertarse
en el mercado laboral sin tener grandes exigencias. Esta
situación hizo que la superpoblación de postulantes nos hiciera
inventar los "Cuartetos", "Quintetos", y hasta grupos de 10
postulantes con excelente perfil, que podrían ser presentados
“para que el cliente elija". Y esto es importante: el cliente
era quien elegía, mientras que el postulante sólo alimentaba la
esperanza de "ser el elegido".
Pero una vez más, y gracias a la capacidad de recuperación de
los argentinos, nos encontramos con un contexto diferente que
nos hace repensarnos y ser flexibles, y hoy nos encontramos
frente al desafío de ser innovadores para dar mejores
respuestas.
Por parte de las empresas, el requerimiento cambió: hoy es
"queremos los mejores recursos, con el mayor potencial y en el
menor tiempo posible".
Y por el otro lado nos encontramos con profesionales que buscan
oportunidades de crecimiento laboral y económico a través de su
participación -paralelamente- en diversos procesos de selección,
y que se entregan al mejor postor, en el menor plazo posible.
Es por ello que proponemos una reflexión conjunta acerca de lo
que llamamos "las reglas del juego".
Si el tablero de los 90 exigía que mostráramos el valor agregado
del proceso de selección, necesitábamos mostrar una terna. Lo
inventamos y lo pusimos en práctica, y hoy la terna ya es un
código.
Si el tablero del post 2001 exigía perfiles con alta capacidad
para ayudar a salir de la crisis sin altas pretensiones
económicas, desarrollamos la regla del "abanico de postulantes",
y funcionó.
El tablero de hoy nos indica que hay un jugador que se ha vuelto
clave: el candidato.
Ahora es el candidato quien exige condiciones y plazos. Hoy la
empresa no elije al postulante sino que el proceso se trata de
una "elección mutua", en el que la empresa debe hacer el
esfuerzo de ser la mejor opción para que el candidato la elija.
El discurso hoy está centrado en: "Necesito saber los plazos
porque también estoy en otro proceso"; "En realidad estoy
sondeando el mercado. Si me ofrecen algo bueno, me voy de donde
estoy"; o directamente: "Ya se que me ofrecen lo que pedí, lo
que ocurre es que mi empresa me quiso retener y les dije que sí.
Lo lamento, pero avísenle a vuestro cliente que no tomaré el
trabajo".
Por eso, una necesidad en nuestra nueva realidad es tomar
decisiones rápidas sin necesidad de tener a rajatabla la
"terna". Decisiones en el tiempo adecuado, y procesos internos
más ágiles que faciliten la incorporación de los recursos
encontrados, son sólo algunas de las innovaciones que debemos
implementar.
Así es el tablero nuevo, y las nuevas reglas de juego
establecidas.
Por Cynthia
Cuculiansky |