
Compromiso a medias, indolencia y rendimiento deficiente son
algunos de los rasgos de quienes eligen la comodidad en lugar
del desafío.
Advertencia: si un jefe tiene temor de sus propios subordinados,
puede estar infectado de mediocridad.
Según fuentes consultadas, muchos supervisores prefieren
empleados mediocres por miedo a quedar opacados. Y así posponen
mejores resultados. Pero poco les importa.
Jefes, operarios, gerentes, empleados. Todos pueden portar el
virus de la mediocridad. Es un grave problema, a veces difícil
de descubrir. Las consecuencias son bajo rendimiento y
disminución de la productividad. Por eso, mediante programas de
evaluación de desempeño las firmas buscan hacerle frente.
Pero, ¿qué es ser mediocre? Para el filósofo Santiago Kovadloff,
"el mediocre es alguien que está resignado a su concepción de
las cosas. La forma es la jactancia: la idea de que el saber que
tiene es suficiente. No hay nada nuevo que aprender".
También, para Kovadloff la persona mediocre es conservadora. "Lo
rodea cierto dogmatismo. No está dispuesto a que la realidad
exceda lo que ya sabe. Necesita adaptar lo real a sus propias
nociones de realidad."
Por lo tanto, para el ensayista esto se traduce en una clara
falta de imaginación, ya que se prefiere el lugar común en vez
de lo inesperado.
"Una persona es mediocre cuando sabe que está haciendo mal su
trabajo y no hace nada para cambiar. No le importa mejorar. No
tiene actitud ni aptitud para el puesto", evalúa Bernardo
Hidalgo, presidente del Grupo Hidalgo, consultores en RR.HH.
La mediocridad en el negocio es mantener! se alejado de
resultados que alcancen los niveles de expectativa de la
compañía. "De eso no se habla. Es algo que sucede en todas las
empresas y se tolera", dice Francisco Quintal Velasco, director
general de la consultora mexicana Paradigmshift, que realizó
estudios sobre el tema.
Mi jefe es uno de ellos
¿Qué síntomas revelan que un jefe porta el tan temido virus? En
primer lugar no comparte información con su equipo de trabajo.
En realidad, trata de no formar equipos. Delega lo menos posible
para poder atribuirse los éxitos. ¿Habla todo el tiempo en
primera persona? No hay dudas, es uno de ellos.
Por otro lado genera alta rotación para no perder poder. No se
interesa en involucrar y comprometer a su gente en los valores y
objetivos de la empresa. En definitiva, por miedo o mezquindad,
no deja crecer a los que tiene al lado.
"Me voy de la empresa porque mi jefe no me da un feedback de mi
trabajo." Es la principal razón que escucha Isidoro Felcman,
socio del Centro de Excelencia Organizacional (CEO) de la!
consultora Mercer, cuando realiza entrevistas de salida de
empleados que deciden renunciar.
¿Qué es dar feedback? Cuando los jefes evalúan con los empleados
el desempeño, pautan correcciones y destacan las fortalezas.
"Muchos jefes tienen miedo de enfrentar a sus empleados para
decirles qué está bien y qué está mal", señala.
Sobre el tema, Quintal Velasco apunta: "No se preocupan por
hacer que trabajen mejor. Tampoco se toman el tiempo para
demostrarle al empleado que su trabajo es defectuoso. Entonces,
los jefes subsidian la mediocridad".
Según fuentes, los jefes delegan en la gente de RR.HH. dar
buenas o malas noticias a su propio personal. De esta manera
evitan enfrentarse con sus subalternos. "A los jefes les da
miedo despedir personas. Por eso se genera un circulo vicioso
donde nadie hace nada para romperlo, creado por la permisividad
de los jefes sobre los empleados mediocres", dispara el
especialista mexicano.
También, un líder que ti! ene el bacilo en su organismo duda al
reclutar nuevos talentos, posibl es competidores. Para eso pone
algunas excusas: "No veo que tenga la cultura de la empresa";
"este pibe no se va a arremangar". Pero en voz baja piensan: "Yo
no voy a capacitar a una persona que en el futuro me puede sacar
el puesto".
Nivelar hacia abajo
El problema de estos líderes es que contagian y generan el mismo
nivel de mediocridad hacia abajo de la pirámide.
Los empleados no están exentos de ser víctimas del virus. Uno de
los primeros síntomas son las excusas: al llegar tarde a la
oficina, al no terminar el trabajo o por no alcanzar los
objetivos. Siempre habrá un familiar enfermo, un tren que no
salió a tiempo o un sistema que colapsó. Lo importante es tener
siempre un as debajo de la manga.
El conformismo es otra marca registrada del mediocre: "Yo hago
mi trabajo y listo". Los desafíos los mira con desconfianza.
También se destaca por la falta de compañerismo, guardando para
sí información valiosa, y por la queja de todo, pero! sin
aportar soluciones.
En Nextel atacan la dificultad, en primer lugar, con
evaluaciones anuales de desempeño. "Ponemos mucho énfasis en la
devolución. Si un empleado requiere de una mejora, su jefe
tendrá que establecer un plan de desarrollo con puntos mínimos
de eficiencia. De esta manera se acompañará el progreso y a los
seis meses se realizará otra evaluación", detalla Gustavo
Torrico, director de RR.HH. de la firma.
"Lo importante es hacer un diagnóstico, descubrir las
necesidades de la empresa y luego elaborar un plan de acción con
las herramientas adecuadas", dice Florencia Caccavo, directora
de Selección Business Line de Adecco.
Ante líderes que tienen actitudes individualistas, que no arman
cuadros de reemplazo, Caccavo recomienda: "Lo primero es
elaborar una encuesta de clima, para ver qué pasa. Después es
importante el coaching y la capacitación para hacerle entender
la importancia del equipo de trabajo. Porque el trabajo de un
líder se ! ve a través de su gente: si está motivada, si tiene
objetivos. No ver esta realidad es una forma de mediocridad".
La firma Hexacta, de consultoría y desarrollo de software,
añadió a las evaluaciones anuales y por proyectos el programa de
mentores: "Cada empleado tiene un mentor que se encarga de
realizar reuniones y evaluaciones periódicas. Esto permite
reforzar el feedback con el personal y proporcionar una mejora
en su desempeño", apunta Fabio Gasparri, socio de la compañía.
El mentor se encarga de acompañar el desarrollo del empleado en
la empresa. Es una figura de experiencia que sirve de gran
ayuda, sobre todo para los recién iniciados. Despeja dudas e
inquietudes más allá de la tarea específica.
Para impedir que el germen de la mediocridad se expanda en todo
el organismo de la empresa es necesario frenarlo a tiempo.
Cuidado: es invisible y trabaja en silencio. Y poco a poco gana
cada vez más adeptos.
Por Julián
María Iturrería |